- El uso inadecuado de la tecnología afecta de forma transversal a todas las problemáticas de la infancia y la adolescencia, representando ya el 56,4% de los casos analizados.
- Ciberbullying, adicción a la tecnología, ciberacoso, grooming o sexting no consentido son problemáticas propias que se ejercen a través de la tecnología.
- El mal uso de la tecnología también potencia otros problemas graves de la infancia y adolescencia relacionados con violencia y salud mental, como pornografía, prostitución, violencia de género, maltrato intrafamiliar, conducta suicida, autolesiones y otros problemas, como desapariciones.
- El 54,9% de los/as menores de edad con problemas derivados del uso inadecuado de la tecnología no recibe atención psicológica.
- El perfil más identificado en las consultas recibidas es el de niña o adolescente mujer, de entre 9 y 16 años, con bajo rendimiento escolar y escasa satisfacción académica, que vive con un solo progenitor/a o con custodia compartida.
- El estudio incluye más de 100 recomendaciones dirigidas a personas menores de edad, familias, profesionales de infancia, empresas tecnológicas e instituciones públicas.
- El 79,7% de los casos presentan un nivel alto de gravedad y el 71,8% son urgentes.
Fundación ANAR ha presentado el Estudio “Tecnología. Impacto en la infancia y la adolescencia en España, según su testimonio”, elaborado por el Centro de Estudios e Investigación ANAR. El informe analiza 11.164 casos atendidos a través de las Líneas de Ayuda ANAR entre junio de 2023 y junio de 2024. En el 56,4% de estos casos (6.300) el uso inadecuado de las Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación (TRIC)estaba implicado en el origen o agravamiento del problema que motivó la consulta.
Durante la presentación, Benjamín Ballesteros, director técnico de Fundación ANAR, ha expuesto el contexto y la metodología del Estudio: “Hoy por hoy la tecnología es necesaria y ofrece herramientas para mejorar nuestras vidas, el Teléfono y Chat ANAR es un claro ejemplo de ello. No obstante, con este Estudio volvemos a dar voz a los niños/as y adolescentes, y el mensaje es claro: cada vez hay más sufrimiento vinculado al uso inadecuado de la tecnología y, en muchas ocasiones, ese sufrimiento está silenciado o es desconocido por su entorno, por lo que debemos protegerlos/as”, ha afirmado.
El Estudio se basa en las consultas recibidas en las Líneas de Ayuda ANAR de niños/as, adolescentes y sus familias procedentes de toda España. La metodología utilizada es mixta y participativa, fundamentada en un modelo ecológico que tiene en cuenta factores biológicos, familiares, sociales y culturales para analizar cómo las TRIC afectan al desarrollo y bienestar de la infancia y adolescencia.
El uso inadecuado de la tecnología está presente de forma transversal en todas las problemáticas que afectan a la infancia y la adolescencia. En ocasiones son problemas que ha posibilitado la tecnología, que antes no existían, como es el caso del ciberbullying, adicción a la tecnología, ciberacoso, grooming y sexting no consentido.
En otros casos, el problema se agrava o refuerza con la implicación del uso inadecuado de la tecnología, así, las problemáticas en las que detectamos un mayor impacto son, dentro del bloque de los problemas relacionados con violencia, pornografía y prostitución (87,5%), violencia de género (76,7%), expulsión del hogar (64,1%) y maltrato psicológico (60,8%). Respecto a los problemas de salud mental, destaca la incidencia en los problemas de conducta (64,2%), la ideación y/o intento de suicidio (61,7%) y las autolesiones (54,5%). Mientras que en otros problemas encontramos una especial presencia de las TRIC en las desapariciones (75,4%) y problemas jurídicos (52%), como suplantación de identidad a través de la IA, amenazas o coacciones entre progenitores, etc.
Diana Díaz, directora de las Líneas de Ayuda ANAR, ha sido la encargada de exponer los principales resultados del Estudio, entre los que destaca un dato especialmente alarmante: el 54,9% de los niños, niñas y adolescentes con problemas relacionados con el uso de la tecnología no recibe ningún tipo de atención psicológica; si atendemos a los problemas específicos de las TRIC, el porcentaje aumenta hasta el 60,1%. “La conducta suicida está presente en todos los tipos de problemáticas vinculadas con las tecnologías, ya sea de forma directa o indirecta. Nos estamos encontrando con menores de edad que viven situaciones extremas en soledad, sin atención profesional, sin acompañamiento emocional, sin una supervisión en el uso adecuado de la tecnología y sin saber cómo pedir ayuda”, ha señalado.

Perfil más repetido, niña de entre 9 y 16 años
El perfil más identificado en las consultas recibidas corresponde a niñas y adolescentes mujeres (63,8%), salvo en los casos de adicción a la tecnología, donde la incidencia entre varones es mayor (54,6%, 9,2 puntos porcentuales más que entre mujeres). La edad más frecuente es de 14 años, con un intervalo entre los 9 y los 16 años y una media de 12,5 años. En situaciones como el ciberacoso y el grooming, esta media se incrementa ligeramente. También se identifica una mayor incidencia en familias con un solo progenitor/a (58,3%) o en custodia compartida (60,1%), en comparación con las familias en las que conviven ambos progenitores.
En cuanto al ámbito escolar, el Estudio refleja un bajo rendimiento académico en el 62,5% de los casos -especialmente en problemas de adicción tecnológica (69,8%) y sexting no consentido (80%)-. Además, el 56,4% de los/as menores de edad expresa una baja satisfacción con su vida escolar, porcentaje que asciende hasta el 77% en ciberbullying y el 75% en sexting no consentido.
Según el informe, el 79,7% de los casos analizados presentan un nivel alto de gravedad y el 71,8% son considerados urgentes por los/as profesionales de Fundación ANAR. Además, el 65,4% de estas situaciones se prolongan durante más de un año y en el 70,7% de los casos los hechos se repiten a diario. Esta cronificación está directamente relacionada con la falta de intervención temprana, el silencio que rodea muchas de estas situaciones y la normalización de ciertos comportamientos en el entorno digital.
Frente a este escenario, la intervención de ANAR ha debido intensificarse notablemente. Casi tres de cada cuatro casos atendidos (73,5%) requieren orientación psicológica, jurídica y social de forma simultánea, esto es, la orientación más completa que se presta desde las Líneas de Ayuda ANAR. “Estamos ante casos más graves, más urgentes y más difíciles de abordar”, ha subrayado Diana Díaz.
Recomendaciones: prevenir, acompañar, proteger y regular
El Estudio de ANAR no solo pone cifras a una realidad cada vez más preocupante, sino que propone soluciones concretas para revertirla. La directora jurídica de las Líneas de Ayuda ANAR, Sonsoles Bartolomé, ha presentado el bloque de recomendaciones, dirigidas a todos los actores implicados: niños/as y adolescentes, familias, profesionales de infancia, empresas tecnológicas e instituciones públicas.
“Necesitamos actuar desde todos los frentes. La prevención en las aulas, el acompañamiento desde las familias, la regulación efectiva del entorno digital y la corresponsabilidad de las plataformas tecnológicas son claves. Los derechos de la infancia también deben protegerse en el entorno online”, ha señalado.
El documento recoge más de 100 recomendaciones, entre las que destaca la necesidad de que las familias establezcan normas claras sobre el uso de la tecnología, refuercen la comunicación y acompañen activamente la vida digital de sus hijos e hijas. En el entorno escolar, se insiste en impartir educación digital, social y afectivo-sexual desde edades tempranas, formar al profesorado en competencias tecnológicas actualizadas y que el Teléfono y Chat ANAR de Ayuda a Niños/as y Adolescentes estén presentes en todas las aulas, según indica la LOPIVI en su artículo 17.
En cuanto al papel de las empresas tecnológicas, el Estudio exige una mayor responsabilidad ética en el diseño de contenidos y mecanismos de recompensa, la implementación de canales de ayuda eficaces, y que se priorice el interés superior del menor en todas las decisiones que afectan al entorno digital.
Respecto a las instituciones públicas, se reclama la aprobación de la Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales, así como su aplicación efectiva, con un enfoque basado en derechos y participación infantil.
Como conclusión, Benjamín Ballesteros ha incidido en que las tecnologías “deben ser herramientas de desarrollo, aprovechando todo su potencial de forma positiva, no como disparadores de malestar. No podemos dar a los/as menores de edad dispositivos con conexión a internet y acceso ilimitado a un sinfín de contenidos que pueden ser altamente perjudiciales. Urge la aprobación de la Ley Orgánica para protección de las personas menores de edad en los entornos digitales, poner límites, acompañar, educar y, sobre todo, escuchar”.